A estas horas, mientras las cocinas de los hogares van teniendo vida, serán muchos los que se plantearan como colocar a los comensales en torno a una mesa y otros, cuál será su actitud con los anfitriones. Aunque en Nochebuena prima más la familiaridad que un protocolo estricto, este nunca se debe de perder y será siempre nuestra mejor tarjeta de presentación, también con nuestros seres más queridos. El invitado debe llevar un detalle, y ya que estos días son tradicionalmente muy de dulces, dejaremos ese presente para cualquier otra fecha en el año, inclinándonos más por una botella de vino tinto. La puntualidad nunca la olvidaremos, así como, al tratarse de una cena de familia, el ayudar a la anfitriona en alguna tarea en la cocina. Para muchos es hoy una cena de reencuentros o bien porque se vive en distintas ciudades o no se coincide en otros momentos del año. El recibimiento en el hogar es uno de los momentos más especiales en noches como esta, los anfitriones lo harán con el convencimiento de ofrecerles unas horas entrañables y de comunicación en torno a una mesa. Para ello se ofrecerá, como bienvenida, una copa para los adultos y para los pequeños un refresco. Pero pasemos a cómo vamos a ir sentando a los comensales, así serán los anfitriones quienes presidan la mesa, elegiremos el modelo francés, es decir en el centro, si se trata de mesas ovaladas; si son redondas, su colocación será indistinta. A la derecha de los dueños de la casa sentaremos a la persona a la que queramos dar el puesto de honor, podría ser la madre de alguno de ellos. En el supuesto que las dos vivieran cada una de los anfitriones situará a su derecha a la progenitora, colocándose por tanto enfrente uno de otro. Las precedencias en esta noche las marcará la edad, también nueras y yernos irán antes que hijos e hijas. La presencia de los niños hará que los situemos en otra mesa aparte, decorada para ellos y si fueran muy pequeños, sería mejor que estuviesen junto a su madre. Hombres y mujeres serán situados correlativamente, respetándose el descanso matrimonial, es decir que los cónyuges no deben sentarse juntos. En cuanto a los temas de conversación, trataran de evitarse los que se refieran a política, religión, familia (si es que hubiese algún tema algo conflictivo), y ya cada vez más el fútbol, debido al apasionamiento de algunas personas. En esos momentos los anfitriones desempeñaran un papel importante a la hora sobre todo de reconducir ciertas conversaciones. Aunque las últimas tendencias en cuanto a la elección de manteles, nos indican que los individuales ganan terreno, será preferible una mesa bien vestida, eligiendo para la ocasión manteles preferiblemente blancos o crudos, no debiendo olvidar las velas que dan ese toque íntimo y cálido, en la cena más importante del año. La estancia donde nos encontremos deberá tener presente al árbol y al Nacimiento, lugares apropiados para que los pequeños canten villancicos siendo acompañados por los demás. El vestuario debe de cuidarse especialmente, aun cuando no salgamos de casa, primero por nosotros mismos y también por aquellos con los cuales vamos a disfrutar de la cena familiar por excelencia. En la hora de las despedidas los anfitriones acompañaran hasta la puerta a los invitados, será ese el momento de agradecer como nos han acogido, aquí utilizaremos la comunicación no verbal. Feliz Nochebuena.
Ángel Gil Director del Centro de Estudios Protocolo 21
Publicado en el diario Melilla Hoy. 24/12/10
Publicado en el diario Melilla Hoy. 24/12/10
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